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Ellas cuentan lo que yo (y Juan C.) no contamos

A todos nos gusta que nos cuenten cuentos, historias. Es parte de nuestra naturaleza. Sin embargo ellas, las empresas e instituciones, cuentan cuentas, datos, porcentajes, números, etc.

¿Es un error contar los datos y hacer las respectivas cuentas? No.

De lo contrario no disfrutaríamos de historias como Farenheit 451 por ejemplo.

¿Es meritorio contar historias del negocio sin los datos concretos del contexto? No.

De lo contrario no estaríamos invadidos por millones de comentarios sin sentido inflados por community managers (y empresas que regalan señuelos vacíos para que las personas simplemente abran la boca, pero que no dialoguen).

¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué cuesta tanto medir los resultados de una empresa / institución?

Por ejemplo, como sucede en lo que se detalla en el artículo "Los argentinos dejaron de ahorrar en pesos"  a las instituciones les cuesta mucho correrse de lo que creen que es la única forma de medir y gestionar su trabajo.

Como bien dice: "Pero Juan C., usted o yo, no necesitamos de ninguna medición de nadie. A esta altura del baile cualquier argentino, incluso el más desorientado, sabe cuánto está pagando de tarjeta, y cuál fue su gasto mensual total en la cuenta bancaria. Cristina puede decirle que los precios suben al 10%, el opositor más acérrimo puede advertirle que todo estalla por los aires al 50%, pero Juan C. ve perfectamente que sus precios, los que debe pagar su propio bolsillo, están subiendo lo que suben: es un calor que lo molesta a él, con la cuenta del supermercado, la cuota del lavarropas, los gastos en medicamentos, etcétera, etcétera. y verificarlo en nuestra experiencia del día a día, es de sentido común darse cuenta que nos mienten."

Hoy convivimos con estas "selfies" de las instituciones. Juan C. sabe que los diarios y los reportes anuales no hablan de su verdadera experiencia. Todos hablan de ella (la persona) pero nadie la saca a bailar. Nadie quiere comprometerse con su historia.

¿Entonces?

Una posible solución es indagar en los "Bradburys" que supieron "leer" los datos para crear historias que tienen sentido y, en el fondo, miden la verdadera relación que tienen las personas con el mundo.

Los millones de datos que las empresas e instituciones reciclan (en sus sofisticados servidores) tendrían que ser elementos inspiradores que llamen a ser transformados en historias que las personas realmente viven.

Para ello recomiendo trabajar teniendo en cuenta los siguientes puntos:

1) ¿Para qué se están tomando cada uno de los millones de datos? ¿A qué objetivo responde cada uno de ellos? ¿Qué valor se quiere superar en la experiencia de las personas gracias a ese dato?

2) Saber indagar y recolectar los datos con una mirada más allá de los números, relacionado con un contexto (por ejemplo ¿Qué es 451? Depende del contexto)

3) Conocer a las personas y sus inquietudes, sus dificultades, sus costumbres, sus sueños, sus desafíos, "su mundo" (y tal vez después, sus "necesidades"). 

4) Crear una nueva historia uniendo supuestos opuestos. Buscar unir datos que sólo tienen sentido en el contexto de una nueva historia, de una nueva experiencia.

5) Saber compartir y contar (storytelling) las nuevas historias que buscan nuevas experiencias. Tener siempre presente que sin historias, no hay humanidad.

Ya lo decía Bradbury:

“El mejor científico está abierto a la experiencia y empieza con el romance, la idea de que todo es posible.”

Santiago Trevisán
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